Cargar pilas en tres días por la Costa Blanca española

Desconecta.
Haz lo que te apetezca.
Déjate sorprender.
Piensa en ti.
Cierra los ojos.
Escucha las olas batir contra los guijarros de la playa…
Evocador ¿verdad?

Pues si alguien me llega a decir, hace 30 años, que uno de los grandes placeres de mi vida iba a ser venir al antiguo pueblo pesquero que mi padre adoraba, me habría echado a reír sin control.
O a llorar, no lo tengo claro.

Y es que, cuando yo iba a Villajoyosa de pequeña, lo hacía fuera de temporada. En pleno mes de noviembre lo más extraordinario que podíamos hacer era ir a escuchar “Los pajaritos” en vivo en alguna de las cafeterías de Benidorm.
Eso y… navegar.
Agonía y éxtasis en un mismo día.

Con el tiempo el velero pasó a mejor vida.
Las torturas de cafetería también.

Ahora cuando me escapa a La Vila, mis días transcurren entre rutas en bicicleta de carretera, carreras a pie junto al mar y visitas a alguno de mis referentes gastronómicos de la zona.

La carretera que une Villajoyosa con Finestrat es una buena opción para dar pedales, con carril bici hasta Finestrat y poco tránsito de vehículos a motor. Yo suelo ir hasta Sella. Los más valientes suben el puerto de Tudons. Incluso alguno llega hasta Alcoleya. Pero eso para mi ya son palabras mayores. Por ahora me conformo con esos 35 km que me dejan como nueva. Las vistas de las terrazas con viñedos y olivares en la subida y las del embalse Amadorio en la bajada son increíbles.

El recorrido hasta Finestrat también puede hacerse a pie. Desde la playa de Varadero son unos 14 kilómetros ida y vuelta. Aunque si lo que se quiere es un poco de brisa marina, recomiendo correr por el paseo de las playas de Estudiantes,Tío Roig y Varadero, hasta la marina y el paseo marítimo, pasar por delante del casco antiguo con sus casas de vivos colores, cruzar la desembocadura del río Amadorio — en algún lugar llevará agua pero aquí no, desde luego— tomar un tramo de camino de tierra pegado al mar, enlazar con un tramo de carretera hacia el sur —no más de 500m— y llegar hasta la zona conocida como “El Paraíso”. Al pie de las urbanizaciones que se han construido en esas lomas se encuentran alguna de las calas con más encanto de la zona, La Caleta, Esparalló y la deliciosa Bon Nou.

Para comer y reponer existen muchas y muy buenas opciones: El Posit en la playa del pueblo, con degustación de platos, aceites y vinos de la zona; Casa Elordi, situado en el centro del pueblo, con una cocina de mercado excepcional; o el recientemente reinaugurado Hogar del Pescador, en el puerto. La lista es mucho más extensa y se merece ampliar información en otra entrada.

Sin embargo la opción que más me gusta es la compra de viandas en el mercado de La Vila —abierto de 8.00 a 14.00—. Puedes optar por que te las preparen en el bar que se encuentra en una de las esquinas del mercado “El Gallina” o reservarlas para la cena en casa, con una estupenda cerveza de la Comunidad Valenciana o una copa de algún caldo, a ser posible de bobal, en el espigón de Casa Taty. Este lugar es lo más parecido a estar en la proa de un barco, pero sin el cabeceo constante. Este encantador bungalow, sencillo pero situado en un lugar extraordinario, es dónde asentamos nuestra base en la Costa Blanca, y cargamos pilas.
Espero que por mucho tiempo.

2 Comments

  1. Cris 19 febrero, 2019 at 09:45

    Hola Nat,
    ¿Para cuando un artículo más extenso? Voy a menudo por Alicante y siempre busco planes para hacer en familia, con amigos, etc.

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    1. Nat 19 febrero, 2019 at 10:12

      Hola Cris
      La verdad es que llevo tiempo pensando lo del post con más datos o, sencillamente, varios artículos con una temática bien definida cada uno: alojamientos, gastronomía, vida activa, planes culturales… En breve publicaré una ruta gastronómica por la zona.
      ¡Ya me dirás qué te parece!

      Reply

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