Empieza la cuenta atrás

“Eres mi ídolo”, dijo ella. Ella es una amiga a quien mis retos deportivos le merecen cierto — inmerecido — entusiasmo.
“No, perdona”, repliqué. “Si aquí hay alguien digno de — merecida —admiración, esa eres tú. Y todos los que como tú, tienen o han tenido un reto impuesto y lo han sacado adelante, todos los que han luchado. Todos los que tienen familia o amigos que, haciendo un esfuerzo, le ponen al mal tiempo buena cara. Todos los que apoyan incondicionalmente. Todos los que, infatigablemente, siguen caminando y disfrutan de cada segundo que les es concedido. Todos los que dejan huella.
Ellos son el ejemplo a seguir.”

“¡Qué máquina!”, comentó él. Él es el hermano de una de mis amigas.
“No, perdona”, protesté. “Los máquinas son los que caen y se levantan. Los que se convierten en súper padres porque no hay otro camino. Los que acotan sus fundadas lamentaciones y las encierran en un armario del que tiran la llave al fondo del mar. Los guerreros infatigables. A veces tan pequeños, que uno cree que no van a poder con lo que se les ha cruzado por el camino. Y sin embargo, cada día, nos enseñan que la grandeza y la valentía no se miden por el tamaño sino por los hechos. Y así nos enseñan que lo pequeño y lo efímero es, en realidad, lo relevante.
Ellos son el ejemplo a seguir.”

El 13 de septiembre empieza la cuenta atrás.

Esta vez, nada será igual.
Esta vez, no seré una mera espectadora.
No acompañaré, apoyaré, gritaré, no coordinaré la logística del deportista, no animaré desde detrás de las vallas, no formaré parte del supporter team.
Esta vez, sufriré y disfrutaré por mi misma.
Y lo haré con la mayor de las motivaciones, porque esta vez, mi aliento es inmenso, incombustible, indestructible.
Esta vez, sois muchos los que me vais a empujar.

El reto es grande.
El premio, inigualable.

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