Si habéis llegado hasta aquí…

Mi familia no solo es mi familia.Tengo hijos y hermanas a los no me une ninguna relación de consanguinidad.

Mi familia también son mis compañer@s de trabajo y mi casa igual está en Nueva York que en Caracas. Tengo tantas casas como destinos tiene la compañía aérea para la cual trabajo. Y me encanta.

De pequeña odiaba eso de no tener claro dónde estaba amaneciendo: mis padres estaban divorciados y en cada casa tenía la pared a un lado opuesto de la cama. Os podéis imaginar la de veces que me estampé contra el gotelé al ir a levantarme…

Pero algo debió cambiar en mis planteamientos —quiero pensar que no era puro masoquismo— porque ahora me encanta abrir los ojos, tener que pensar dónde estoy, sonreír y dejarme sorprender por el día que se me ofrece.

Correr es una afición mucho más económica que ir de compras y una alternativa estupenda para ver una ciudad. Cuando tenga más tiempo me dedicaré más en serio a las visitas culturales —ahora ocupan un lugar en mi vida menor del que quisiera—. Así que por ahora me conformo con que me dé el aire matutino del lugar en el que me encuentro para sentir que empiezo bien el día. Eso y… ¡un buen desayuno!

Ahora que empieza a despuntar el alba y que la cafeína me ha empezado a llegar al riego sanguíneo me voy a calzar las zapas y a darle un poco de vidilla a las piernas.

 

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