Valle de Arán: cinco rutas para no cruzarte con nadie en este verano 2021

No es porque el New York Times lo incluyese en su guía 52 Places To Go In 2020. Ni porque nuestro querido Pau Donés lo escogiese como lugar de retiro, que también. Es que el Valle de Arán es sencillamente un lugar especial, el enclave idóneo para perderte. O reencontrarte, qué sé yo. El caso es que, independientemente de con quien viajes y de los intereses que te muevan, el Valle de Arán es único en su especie, la combinación perfecta de naturaleza, cultura, gastronomía, turismo activo y relax.

Si con la COVID-19 han empezado a darte alergia las personas y buscas planes y lugares para no cruzarte con nadie en este nuevamente atípico verano 2021, con toques de queda, restricciones de ocio y aforos públicos y privados cambiantes, te propongo rutas poco transitadas para hacer en familia o en solitario.

PISTAS Y CAMINOS

Si en algo es generoso el Valle de Arán, es en senderos. Articuladas en torno al GR 211 parten diversas variantes que te permitirán recorrer el Valle de forma circular para descubrir su profusa naturaleza. Puedes elegir una ruta sencilla (aunque más frecuentada) como el camino del Pla de Beret al Santuario de Montgarri, un paseo por el Bosque de Carlac junto a la aldea de Bausen o realizar alguna de las ocho etapas de Camin Reiau. Sin embargo, si lo que buscas es no cruzarte con nadie nadie de verdad, te propongo estos dos recorridos solitarios:

Subida la Cabaña de Garós
  • En el recorrido desde Garós hasta el Lac de Escuhau es probable que solo te cruces con algo ganado pastando, una vez hayas superado un primer tramo empinado de bosque cerrado. Debido a su inclinación y a los respiraderos de agua camuflados entre la maleza, no recomiendo regresar por el mismo camino sino siguiendo la pista que baja por el Barranco de Bargadera hasta el pueblo de Casarilh. Tus piernas agradecerán esa pista, más larga, tendida y soleada que el camino de subida.
  • La subida al Lac deth Hòro y el Tuc de Molières por el Valle del Arriu Nere esa otra de esas rutas retiradas. Poco antes del acceso al túnel de Vielha sale un camino a la derecha con un par de bordas junto a las que dejar el coche. Que su comienzo suave de un par de kilómetros no te engañe, la cosa enseguida se pone entretenida con varios tramos de roca grande. Pasadas estas secciones, los neveros, las vistas y la soledad están garantizados durante los 15 kilómetros aproximados del recorrido ida y vuelta. Imprescindible llevar buen calzado y bastones.
Nevero bajando hacia el Valle del Nere

Si lo tuyo es el senderismo de montaña, te aseguro que necesitarás varios viajes a este enclave de los Pirineos para repetir ruta.

AGUAS DE MONTAÑA

El agua es otro de los grandes protagonistas del Valle de Aran. Lugar de nacimiento del río Garona, la infinidad de torrentes, ríos, riachuelos, y chorreras que discurren por este pedacito del Pirineo leridano, la variedad de actividades acuáticas que puedes realizar o los casi 200 lagos e ibones de los que puedes disfrutar repartidos por el territorio aranés, hacen que resulte imposible descubrirlos y disfrutarlos todos en una sola visita. Saut deth Pish o Uelhs deth Joeu son los ejemplos más conocidos de lugares desbordantes de agua. Pero si vas buscando lugares menos transitados, toma nota de estos dos que te propongo a continuación.

Estany Pica Palomera de camino a las minas
  • Subida a las Minas de Liat desde la Borda de la Lana. Deja el coche en le aparcamiento junto al paso canadiense que se encuentra a un kilómetro por la carretera de Varradós al salir de Bagergue y toma el camino de la derecha. Tendrás por delante varios kilómetros de pista fácil en los que es probable que te sobre algún que otro senderista pero las vistas al río Unhòla (río Rojo en castellano, por el óxido de hierro que llevan sus aguas) bien merecen la pena. Numerosos regueros de agua atraviesan el camino, cada vez con más tramos de piedra suelta e inclinación hasta llegar a la planicie-humedal que se encuentra entre el Estanh Long de Liat y el Estanh Pica Palomera, a tiro de piedra ya de las minas. Otra opción es coger el desvío hacia el Lac Montoliú cuando lleves unos siete kilómetros de subida. Irás haciendo ladera por un estrecho sendero de pizarra suelta que se va empinando hasta llegar al lago para bañarte al pie del Mauberme.
  • Ruta al Refugio Mataró. Aunque buena parte discurra por el Alt Aneu, el valle de Gerber atrae a bastante gente del Valle de Arán ya que el sendero arranca en el aparcamiento de la Peülla, pasado el puerto de la Bonaigua. Se trata de una ruta más transitada que la anterior en su primer tramo, a veces un poco concurrido, estrecho y con bastantes raíces. Pero una vez pasado el Estany de Gerber es muy probable que en los cuatro kilómetros aproximados que quedan de subida hasta el refugio, solo te cruces con un par de personas aisladas. Destacar las diversas cascadas con las que te tropezarás y los riachuelos que manan del Estanh Llong y el Estanh Redó, cuajados de crías de trucha en verano.
Estany Escunhau

LUGARES QUE YA NO SON

Puede que tropieces inadvertidamente con ellos. O que vayas a buscarlos de propósito. En cualquier caso, estos lugares que ya no son, resultan ser emplazamientos en entornos poco transitados además de enclaves fotogénicos cargados de historia que bien merecen un desvío cuando no una visita en sí. Aquí tienes tres propuestas para ir a tiro hecho:

Minas de Liat
  • Las Minas de Liat, cuya actividad comenzó a mediados del XIX y cesó de forma definitiva en 1966. Contrariamente a la Mina Victoria, que se puede visitar en temporada de verano, estas minas están cerradas al público. Sus ruinas sin embargo no dejan de ser un espectáculo inesperado a 2300 metros, fiel reflejo del pasado minero de la comarca. Viendo las ruinas de las cabañas de mineros, las estructuras metálicas, los raíles y los vagones en los que se transportaban los minerales, es fácil imaginar cómo era la vida en la mina.
  • El «brocard» de Bossost o un poco más adelante casi en la frontera con Francia, el «brocard» de Pontaut. Los antiguos lavaderos de los minerales extraídos en las distintas minas que había repartidas por las montañas aranesas son fácilmente accesibles en coche. Estas estructuras abandonadas resultan muy interesantes de observar aunque hay que aproximarse con cuidado ya que su acceso es potencialmente peligroso. No recomendable ir con niños pequeños.
  • El «bordalat» de Eth Pradet en el Valle de Toran. A pocos metros de la aldea aún se pueden apreciar los muros de un conjunto de esas edificaciones para la ganadería con una parte destinada a vivienda que son las bordas araneras de principios del siglo XX,. En aquella época la zona, rica en minas, contaba con más de 500 habitantes. Ahora tan solo cuenta con 6.

VESTIGIOS DE OTRAS ÉPOCAS

De todos es conocida (y si no es así, te recomiendo dedicarle al menos un día, eso sí, fuera de temporada) la ruta del románico del Valle de Arán. Compuesta por quince iglesias emblemáticas construidas mayoritariamente entre los siglos XI y XIII, esta ruta es el mejor ejemplo de románico aranés, con toques de arquitectura lombarda del XI, de románico tardío del XVI y de arquitectura aranesa de montaña. Con la COVID-19 tan solo quedan tres iglesias que permanecen abiertas durante todo el año, Sant Miqueu en Vielha, Era Mair de Diu era Purificacion en Bossost y Sant Andreu en Salardú.

Sin embargo, si quieres salirte de este hermoso y clásico circuito, déjame que te sugiera realizar tu propia ruta uniendo, a lo largo de varios días y como más te convenga (en coche, a pie o en bicicleta) alguna de las 31 iglesias y ermitas del margen derecho del Garona, desde la frontera con Francia hasta el Pla de Beret. Algunas – como Sant Miqueu de Vilamós o Sant Joan y Sant Felip d’Arres – se encuentras aisladas mientras que otras están en mitad del pueblo al que pertenecen.¿Te animas a situarlas en un mapa y buscarlas?

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